El mejor día de tu vida es ese en el que te abres a la vida. Cuando tu panza se agranda y tu vientre se dilata.
Cuando no cuentas las horas, la eternidad te acompaña. Cuando estás pariendo un hijo, directo de tus entrañas.
Y parirás con dolor, como te cuenta la Biblia, para que vayas sabiendo cómo las gasta la vida…
Y te romperás entera, se te saltarán las lágrimas y no querrás ver a nadie y querrás darle las gracias:
A ese hijo de tu vientre, a esa sangre de tu sangre, a ese angelito del cielo que hoy alegra tu casa.
Porque el dolor de tu parto, cuando le has visto la cara, se desvanece de golpe y ya no recuerdas nada.
Porque dar a luz a un hijo, no lo podrás explicar, tendrás que experimentarlo y no lo podrás contar, porque dar a luz a un hijo, es tocar la eternidad.