RITUALIZA TU VIDA

Dicen que los hombres somos animales de costumbres. Que nos adaptamos rápidamente al entorno y a las circunstancias que nos toca vivir. Será porque de esa manera nos sentimos seguros.

Necesitamos nuestras rutinas para estar tranquilos y a salvo. Debe de ser un recuerdo de nuestra vida salvaje, antes de vivir en colmenas como le ocurre a la mayoría.

Yo, gracias a Dios, ya no vivo en esas colmenas, sin embargo ritualizo mi vida y esa costumbre me permite vivir más tranquila y ser más feliz.

Los rituales pueden ser muchos, cada uno elige el que más se adapta a su forma de ser. A mí me gusta agradecer cada mañana por un nuevo día y hacer lo propio al irme a dormir, haciendo un repaso de cómo ha ido el día y tomando conciencia de los errores que he cometido: generalmente hablando y no siendo lo suficientemente prudente y gentil.

Ritualizar el momento de la comida también es importante. Se trata de agradecer generosamente por los alimentos, ese «pan nuestro de cada día» que decía el maestro, por las manos que lo han preparado y por la madre tierra que nos lo proporciona.

Otro ritual que me encanta es pedir permiso cada vez que tomo un fruto del vientre de nuestra madre tierra. Cada vez que recojo la cosecha o la fruta de los árboles, agradezco y pido permiso para hacerlo y de ese modo el árbol, feliz, me regala más y más frutos en una suerte de intercambio amoroso.

También pido permiso y protección cuando entro en el bosque, subo una montaña o entro en el mar. La naturaleza viva me escucha y me trata con delicadeza y cuidado. Doy fe de ello.

Ritualizar la vida nos ayuda a vivirla en conciencia.

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