Cada vez que empieza un año, al menos en el calendario gregoriano, nos proponemos, nos proponen nuevos propósitos que casi nunca acabamos realizando.
Queremos cuidar nuestro cuerpo, hacer más ejercicio, comer mejor, aprender algo nuevo, acabar ese curso que dejamos a medias… Queremos viajar, ser más felices, cambiar de trabajo y llevarnos mejor con nuestros hijos, nuestros padres, nuestros amigos…
Queremos conseguirlo todo, porque hemos acabado el año deseándolo todo.
En realidad no hay nada que conseguir y todo está por conseguir. Me explico:
Cada día deberíamos pensar que es año nuevo. De ese modo cada día empezaríamos a cuidarnos, a hacer deporte, a llevarnos bien. No existe una meta, el camino es la meta.
Si pudiéramos mantener nuestros buenos propósitos desde que abrimos los ojos cada mañana, sería muy fácil llegar al nuevo año con todos esos deseos cumplidos. Y no depende de nadie más que de ti y tu voluntad.
Hoy es el primer día del resto de tu vida. Mañana no existe. Ayer nunca existió. Vive como si solo existiera el momento presente y no harán falta propósitos de año nuevo.