Caminando por las calles de esta ciudad irreal,
donde abunda más lo sucio, lo feo, lo irracional…
Me descubro un bicho raro cargado de humanidad,
con la estética obsoleta, no entiendo la modernidad.
No me asustan las caretas que pretenden asustar,
pero me parece horrenda esta fiesta sepulcral.
No! No me asustan a los muertos, ni los fantasmas del más allá.
Y me parecen tremendos los esqueletos del más acá.
Arañas, vestidos negros, calaveras y lamentos
para jugar con los niños a los monstruos más tremendos.
Debo ser un bicho raro, lo tengo que confesar,
no entiendo la tradición de asustar a los demás.
No disfracéis a los niños con seres de oscuridad,
estáis jugando con fuego y un día os podéis quemar.
Dejad en paz a los muertos, dejad que encuentren la paz,
no juguéis con los espíritus que están en el más allá.
Dulces, boniatos, castañas, tradiciones de verdad
para jugar con los niños, sin tenerlos que asustar.
Disfrutando de su luz, su alegría, su verdad…
En la noche de difuntos, honremos a quien no está
y dejemos a los muertos que tengan su fiesta en paz.