VIVIR DEL AIRE

Yo confío en la providencia, en eso de que Dios proveerá. Confío desde la inocencia y desde la más absoluta certeza en que cuando lo necesite, se dará.

Y me puedes llamar, tonta, ingenua, irresponsable, ¡qué más da! Yo dejé la cobardía para los demás.

Se acabó ese miedo viejo, adherido, incorporado a los sueños de pequeños cuando nos sentíamos magos.

Ese miedo que acongoja y no te deja avanzar. Miedo por todas las cosas, un miedo antiguo y capaz de invalidar cualquier cosa que estés dispuesta a soñar.

Y como no tengo miedo, y si aparece, lo afronto, puedo permitirme el lujo de pedir peras al olmo.

De confiar en la vida, de esperar con total seguridad que llegará lo necesario, cuando lo vaya a necesitar.

Y no quiero convencerte, ni pretendo ser ejemplo. Pero ten siempre presente que la vida es solo un juego.

Y si te sabes las reglas, es más sencillo ganar, ponte el mundo por montera que aquí has venido a jugar.

Yo puedo vivir del aire y el aire siempre estará para dar lo que preciso cuando lo haya de precisar.

Esa es la ley más divina, esa es la ley natural, por la que tengo derecho a ganar la libertad.

Deja un comentario