LO QUE TOCA

Estamos tan acostumbrados a hacer lo que siempre toca… Obligaciones impuestas que seguimos a destajo.

Sin cuestionar la necesidad, la utilidad, la belleza. La estética, la moral, el humor, la inteligencia.

Y así desde el primer día de nuestra maravillosa existencia, compromisos y deberes se apoderan de nuestra esencia.

Porque el trabajo se impone con horarios imposibles. Y no tienes libertad para disfrutar de tu tiempo libre.

Porque el colegio, el trabajo, son gigantes imposibles que no te dejan vivir, que se vuelven imprescindibles.

Por eso, el lunes es triste y el martes muy aburrido, el miércoles estás cansado y ¡el jueves tan deprimido…!

Esperando al viernes siempre se llega despavorido, para disfrutar a tope del sábado y el domingo.

Y así, pequeños y grandes se hacen viejos sin sentirlo, sin vivir la maravilla de vivir sin más delirios.

Y cuando por fin te dejan libre del castigo y te obligan a dejar el trabajo conseguido…

La mayoría no sabe, no puede, no encuentra el sitio para jugar con la vida como cuando aún eran niños.

¡Qué pena llegar a viejos, amargados, deprimidos…!

Con las espaldas cubiertas y los bolsillos vacíos de ilusiones y sonrisas, de juegos, besos y mimos.

Con píldoras de colores y el entierro ‘pagadito’.

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