Querido amigo olvidado entre achaques y catarros. Escondido en las arrugas de mis años encorvados.
Hoy te rindo mi homenaje, solicito tu perdón, me olvidé de tu existencia y no te presté atención.
Hoy invoco tu presencia y tu inminente actuación, reconozco que sin ti, se vive mucho peor.
Disculpa mi negligencia, y mi gran desafección. Fui ingrata y poco atenta con tu imponente misión.
Eres parte de mi esencia, mi elemental, puro amor. Dispuesto a curar mi cuerpo, mi mente y mi corazón.
Te bendigo y agradezco tu magnífica misión: ser un guardián poderoso de mi vida en esta dimensión.