CAMBIA TU REALIDAD

María Elena se quejaba todo el día. No le gustaba la vida que llevaba, pero no sabía cómo hacer para cambiarla.

Muchos años con la misma rutina, la habían convertido en una autómata quejica que además se creía demasiado vieja para cambiar.

¡Pobrecita!¡qué equivocada estaba!

No tenía fuerzas, María Elena, para echarle un pulso a la vida y empezar de nuevo. En realidad, no se trataba de empezar de nuevo, sino solo de empezar, ya que nunca había hecho lo que quería; porque jamás supo qué quería, la pobre María Elena.

Se había acostumbrado a una vida anodina, llena de prisas y costumbres adquiridas. Con obligaciones impuestas por otros y rutinas aburridas que había hecho suyas sin darse ni cuenta.

María Elena quería cambiar: cambiar de casa, de marido, de peinado, de trabajo, de pensamiento…

Quería ser feliz y pensaba, ingenua ella, que si lo cambiaba todo, lo conseguiría.

Al mismo tiempo no sabía por dónde empezar. Y por eso le echaba la culpa de su incapacidad a cualquier cosa, persona o circunstancia, .

María Elena no sabía quién era. Nunca se lo preguntó. Tampoco sabía qué le gustaba realmente, por lo que fue construyendo su vida, según los gustos de los demás.

Al principio, de sus padres, quienes con la mejor de las intenciones la domesticaron para hacer de ella una mujer eficiente y obediente.

Después, sus maestros continuaron la tarea muy eficazmente; ella siempre fue muy aplicada y complaciente.

Cuando creyó enamorarse, porque así tenía que ser para llenar el inmenso vacío de su corazón, lo hizo de alguien igualmente vacío, por lo que fue imposible que, juntos, construyeran algo lleno de nada.

La vida, que siempre va por libre, quiso que fuera madre, y en esa ocasión, María Elena estuvo de diez: parió en escasos dos años, a dos bebés imponentes que superaban con creces sus expectativas.

Parecía, entonces, que María Elena era feliz…pero, como todos sabemos o deberíamos saber, ni los hijos, ni los padres, ni ningún perrito, gatito, trabajo, comida, vestido, viaje o sustancia que te inyectes, te fumes o te bebas, podrá hacerte feliz, si no lo eres tú, sin más, sin menos, sin embalajes…

Y así fue como María Elena empezó su camino de lo que ahora se llama ‘despertar’.

Entendió poco a poco, bache a bache, terapia a terapia, que la realidad es tan ambigua como la verdad y que cada quién tiene la suya.

Y empezó el camino de retorno hacia ella misma.

María Elena empezó a tomar consciencia de su inmenso poder, de su infinito potencial, de su inagotable y eterno amor.

Y comenzó a caminar en el aquí y ahora desde la fe y la confianza absoluta en ese camino que, día a día, construía desde su enorme corazón ❤️

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