CUANDO MUERA NO LLORÉIS

Cuando muera no lloréis, no me traigáis muchas flores,

tampoco os vistáis de negro ni sollocéis por los rincones.

El día que yo me muera, me regaláis las canciones que cantamos en las fiestas,

los versos y los abrazos que nos dimos sin pedirlos y sin dar explicaciones.

Cuando muera será un día luminoso y perfumado

por las flores de mi casa, que saldrán por todos lados.

Las rosas me harán la ola, los gorriones y los gatos,

me llenarán de semillas para irme al otro plano.

El sol me dará las gracias por los días que le he mirado

y me he comido sus rayos, con aceite y pan tostado.

La tierra será más fértil, el huerto estará adornado,

cargado de berenjenas y de pimientos asados.

Cuando se cierren mis ojos a este mundo tan amado,

me subiré en un nube y sin prisa y con cuidado,

me iré despacito al cielo que me tienen reservado.

No es el cielo de la iglesia, tampoco el de los gusanos,

es el hogar que merezco por habérmelo ganado.

Por ser justa, buena, honesta. Por ser un Dios encarnado.

Por eso cuando me muera no lloréis, ya no hay cuidado.

La muerte solo es el camino hacia la paz que he soñado.

Deja un comentario