Hoy he visto llorar a mi herida de abandono. Lloraba desconsoladamente, lloraba un abandono antiguo, tribal, heredado.
La herida de bisabuelas a abuelas, de abuelas a madres, de madres a hijas. Lealtades heredadas nunca resueltas.
He visto llorar a mi herida y he comprendido la tuya. ¿Cómo no iba a abandonarte? No pudo ser de otro modo.
Y el impacto de esa niña que se siente abandonada se lleva como una carga pesada a través de los años.
Y se va multiplicando, replicando, heredando porque das lo que recibes hasta que decides sanarlo.
Sanar esa herencia envenenada de rabia, de dolor, de soledad, de una niña abandonada que reclama su atención llena de arrugas y canas.
La buena noticia es que podemos sanarla.
Podemos siempre que queramos, claro está, siempre que nos atrevamos a enfrentar nuestros demonios y hacer la catarsis para eliminarlos.
Entonces, se produce la magia y el universo conspira para ayudarte. Porque lo que emites desde tu campo de energía llega a oídos de Dios (1)
¿Y sabes qué? Dios siempre responde.
(1) Dios=la Fuente=el Creador=el Primer Principio=el Absoluto