NO ME LLEVARÉ NADA

Ni tu cama, ni tu coche, ni tu mesita de noche. Ni tus gafas, tus zapatos, tus pulseras, ni a tus gatos.

No te vas a llevar nada, todo lo tienes prestado. Se quedarán las cazuelas, las sábanas, los pedazos de las cosas que creías que fueron tuyas un día.

Pero no te llevas nada, ni tu cuerpo, ni tu cara, ni tu forma de reír, ni tus enfados, tus miedos, ni tus ganas de vivir.

Te vas tal como has venido: desnudo y medio dormido. Sin importar si es domingo, si es de noche o hace frío.

Tampoco lo eliges tú o tal vez si, y no te acuerdas. Esta vida es un ratito y no nos damos ni cuenta.

Mientras estamos aquí nos aferramos a todo, a la casa y al jardín, a tus hijos, a tus padres, y al que duerme junto a ti.

Vivimos en la ilusión de que no vamos a morir, de que hay tiempo para todo. Y no va a ser siempre así. Cualquier día en esta casa yo dejaré de vivir y otros pies y otras pestañas y otros ojos y otras manos y otras risas y otros llantos creerán como hoy creo yo que vivirán cien mil años.

Recuerda ser inmortal que está vida es un regalo.

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