Sal un momento de ti, de tu pensamiento lerdo, de esa tu mente infantil que reclama entre berrinches lo que no pudo tener…
Sal del tiempo y del espacio y mírate desde arriba, desde afuera, desde abajo, sal del ombligo de tu vida.
Sal del cuerpo y de la mente, sal del dolor y la duda…Sal del amargo rencor, sal de toda la locura que te mantiene en la queja y en la oscuridad oscura.
Métete en tu corazón, en tu bondad, en tu belleza, en tu voluntad de hierro, en tu pasión, en tu fortaleza. Mírate con compasión, con amor y con paciencia. Estás pidiendo atención desde tu cárcel de ausencia.
Porque no sabes quién eres, porque no ves tu grandeza, porque estás buscando fuera lo que ya eres en esencia.
Sal de la cueva del ego, sal del victimismo ciego.
Eres luz y cuando la veas, ya no hará falta que nadie te lo recuerde, pequeña.