Con fe y con mucha paciencia nos vamos haciendo sabios. Trabajando la coherencia, respirando el miedo, controlando al ego, con disciplina, sin descanso.
Cual rutina repetida, como te lavas los dientes y te bañas cada día. Concentrados, conectados, convencidos, consagrados a nuestra misión sagrada, la que nuestra alma demanda.
Para eso hemos venido, aprendiendo cada día, multiplicando el amor, la compasión, la alegría.
E l abrazo, la palabra que acaricia, la sonrisa que te cuida y el cariño que te mima.
Nada más tiene sentido. Somos el amor divino.
Y vinimos para eso, dar amor es nuestro mayor progreso.
Con compasión, con paciencia, y con la total certeza de que cumplimos el trato. Recordar nuestra misión, es nuestro triunfo mayor.