RIÉNDONOS DE LA RISA

Te traje a este bello mundo, sin tener mucha experiencia. Te enseñé lo que tocaba según mi propia conciencia.

Me equivoqué en muchas cosas y te amé más que a mí misma. Me hice vieja perdonando, tantos dogmas, tantas prisas.

Del colegio, hasta el trabajo, desde agosto hasta diciembre, fueron pasando los años y te fuiste haciendo fuerte.

Y hoy te veo y te bendigo y me siento agradecida, ser tu madre es un regalo, verte es creer en la vida.

Saber que lo lograrás, que encontrarás el camino, para vivir en la paz de tu corazón divino.

Escucharte y escuchar a tu alma limpia y pura, que te susurra al oído: ser feliz es la mayor aventura.

Y, si aún no lo has logrado, empieza de nuevo, hija. Se aprende de los errores, si la cagas, rectificas.

Te perdonas, me perdonas, nos perdonas y, sin prisas…nos tomamos de las manos riéndonos de la risa.

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