Como dice mi buen amigo Robert Martínez, somos todos unos héroes. Decidir habitar un cuerpo denso y experimentar esta tercera dimensión es de valientes. Y salir airosos es de héroes.
Vivir la experiencia y el aprendizaje que supone es un auténtico reto para nuestra alma. Y no es para cobardes. Porque para encontrarle el sentido a la vida primero has de perder el sentido. Tocar fondo, bajar a los infiernos de ti mismo y mirarte en el espejo de tu propia oscuridad.
Para renacer cual ave fénix de tus propias cenizas y llegar al camino de la paz.
La paz no te la regalan, se gana después de librar la última batalla con tu sombra.
Por eso somos héroes. Porque somos nuestros propios salvadores y nuestros propios verdugos.
Y cuando nos rendimos, nos abrazamos, nos perdonamos, nos aflojamos, nos mimamos y amamos de verdad, nuestra infinita luz se expande y sana a toda la humanidad.