SI APRENDIÉRAMOS A VERNOS

¡Somos tan desmemoriados, tan ingratos y desagradecidos!

Lo tenemos todo para ser felices y nos perdemos entre los ruidos: ruidos de nuestra propia mente, ruido del mundanal ruido, ruido de los que nos mienten, ruido de tantos siglos…

¡Si aprendiéramos a vernos desnudos como vinimos, con el alma entre las manos y el corazón desposeído de miedos, culpas y enfados, de egos malentendidos!

Si pudiéramos desplegar nuestro talento escondido, nuestra misión, nuestros dones, nuestro poder perseguido por un sistema que sólo quiere tenerte dormido para que sigas su juego de esclavitud y castigo. Para que sigas sufriendo más allá del infinito.

Abre los ojos, despierta. El camino recorrido te conduce al corazón, allí todo es bienvenido. Allí el alma se sosiega, allí somos dioses vivos.

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