Es lenta y progresiva, apenas te das cuenta. Va inundando tu vida de imposiciones y reglas.
Ocurre poco a poco desde el día en que naces. Llegar hasta este plano no es cosa de cobardes.
Desde el cosmos infinito, tal vez de alguna estrella, un día te propones jugar en esta esfera. Y naces y te adaptas y creces y te mandan. Y todas tus demandas casi siempre hacen aguas.
Te llevan al colegio y empieza el sortilegio. Te someten a reglas para jugar su juego.
Y así, sin darte cuenta, porque eres muy pequeño, tu cerebro expansivo, se va desvaneciendo.
Se vuelve más dogmático, deja de creer en sus sueños. Le invaden pesadillas, sacrificios y retos.
Domesticarte es fácil, lo hicieron hace tiempo. Pero si te das cuenta, si entiendes bien el juego, verás que es divertido deshacer el hechizo.
Desaprender, resucitar, recuperar tu brillo.
Sé valiente mi hermano y al acecho de ti mismo, recupera a tu niño.
Vuelve a reír de todo y confía en ti mismo.
Tú tienes las respuestas, no están en ningún libro.