Si al final de la vida resucitas, te reconcilias contigo y tus errores. Perdonas tus faltas y aligeras tu equipaje…
Si al final de la vida te gustas y te enamoras de ti, te sientes en paz y amas hasta tus malas horas…
Si al final de la vida te miras al espejo y te ves más hermosa, más joven y más sabia…
Y sigues aprendiendo y sigues aprendiendo…
Si al final de la vida amas más a tu madre y entiendes a tu padre y comprendes sus miedos…
Y te das un abrazo y sueltas y abandonas la necesidad de estar casi siempre en lo cierto…
Si al final de tu vida respetas a tus hijos y los ves como seres adultos y despiertos…
Y te alejas despacio sin darles más consejos…
Al final de la vida puedes estar contento. Puedes dormir tranquilo, puedes mirarte en el espejo y decirte sin culpa, ‘resucita pequeño’, es tiempo de caricias, de risas y de sueños.