Estamos hechizados, programados, parasitados.
Al parecer cuando encarnamos ya comienza el baile y con el paso de los años y la locura colectiva en la que vivimos, algunos nos acabamos dando cuenta.
Darse cuenta es el primer paso, pero no creas que con eso es suficiente. De hecho sólo es el principio.
Es muy duro darte cuenta del engaño, salir de la programación es muy complicado. No sé siquiera si es posible.
Pero ya no hay vuelta atrás.
Empieza entonces un trabajo personal infinito. Un ‘estar al acecho’ de ti mismo: de tus emociones, de tus reacciones, de tus acciones, de tus palabras.
Ser responsable de uno mismo es una bendición y una enorme responsabilidad. Ya no le puedes echar la culpa a nadie de nada de lo que te pasa. De tus estados de ánimo, de tus logros, de tus aparentes fracasos. Ya no puedes continuar con tu papel de víctima.
Salir del hechizo es una labor diaria que dura toda la vida.
Salir del hechizo es una oportunidad para ser feliz.
Salir del hechizo es una bendición, un regalo, una experiencia para compartir. Porque nos merecemos la libertad.