A LA CAMA SIN CENAR

Con la barriga vacía, a la cama sin cenar. Regurgitando la vida que no me puedo tragar.

Recogiéndome temprano para poder meditar. Aprendiendo a darme amor, sin tenerlo que implorar.

Enciendo mi difusor y me dispongo a pensar. Los ojitos se me cierran, el corazón late más.

El estómago se alegra de no tener que librar tantas batallas y afrentas, tanta papa, tanta sal. Tanta comida indigesta, tanta emoción, tanta falsa vanidad.

A la cama sin cenar, se aligera la intuición y se me alivia el riñón. El hígado sufre menos y el alma me habla de amor.

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