LAS ABUELAS QUE NO SABÍAN NADAR

Una abuela es un tesoro que no te puedes perder. Ha vivido y ha soñado lo que tú no puedes ver.

Las abuelitas de antaño vestían de negro y paño y llevaban zapatillas y mantones de manila.

Muchas no sabían nadar pero no les hacía falta, la cocina era su hogar y la limpieza su casa.

Daban de comer, compraban, cosían y remendaban. Nos reñían y adoraban en la misma proporción. Eran abuelas cañón, de rompe y rasga y escamas.

Tenían esa dulzura de vieja muy resabiada y pocas ganas de andar y menos de holgazanear.

Eran abuelas coraje, ceñidas en viejos trajes, con colores negro y gris y horquillas con cicatriz.

Yo quiero ser esa abuela que cocina, reza y vuela. Que canta coplas mundanas mientras te hace la cama.

La abuelita de los cuentos, la de todos los inventos. La abuela que siempre está cuando la quieres llamar.

Me gusta ser una abuela con la nariz aguileña, con la carita lavada y el corazón como espada, para poderte decir querido nieto divino que tu eres mi destino y el futuro de mi alma.

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