AL ELEMENTAL DE MI CUERPO

Querido amigo olvidado entre achaques y catarros. Escondido en las arrugas de mis años encorvados.

Hoy te rindo mi homenaje,  solicito tu perdón, me olvidé de tu existencia y no te presté atención.

Hoy invoco tu presencia y tu inminente actuación, reconozco que sin ti, se vive mucho peor.

Disculpa mi negligencia, y mi gran desafección. Fui ingrata y poco atenta con tu imponente misión.

Eres parte de mi esencia, mi elemental, puro amor. Dispuesto a curar mi cuerpo, mi mente y mi corazón.

Te bendigo y agradezco tu magnífica misión: ser un guardián poderoso de mi vida en esta dimensión.

TODAS, TODES, TODIS, TODOS, TODUS.

En este mundo inclusivo que lo incluye casi todo, hay que ser muy intuitivo, muy sagaz, muy concienzudo.

Aceptar las diferencias, normalizar la rarezas. Hacer como que las cosas, aunque sean muy complejas, las tenemos adaptadas a las normas y a las reglas.

Los hombres menos varones, las mujeres menos hembras, los niños sin tener claro casi nada hasta que crezcan.

Complacientes, adaptados a los roles que convengan, según soplen esos vientos de las agendas perversas.

Y poner cara de póker para que tú nada sientas. Mientras que la realidad se asoma por las alcantarillas y las ciénagas.

Porque ya huele a podrido tanto inconsciente barato, porque ser tan comprensivo, no venía en ese trato.

Porque se inventan modismos para las cosas más necias, porque Ser es más sencillo, porque no es esa tu esencia.

Me retiro hacia mi mismo, me reconozco insolente, no comulgo con el buenismo de tomar por tonta a la gente.

No creo en los eufemismos. Me rechinan los complacientes que son como siempre han sido, personajes indecentes, que confunden las palabras para esclavizar a la gente.

CAMBIA TU REALIDAD

María Elena se quejaba todo el día. No le gustaba la vida que llevaba, pero no sabía cómo hacer para cambiarla.

Muchos años con la misma rutina, la habían convertido en una autómata quejica que además se creía demasiado vieja para cambiar.

¡Pobrecita!¡qué equivocada estaba!

No tenía fuerzas, María Elena, para echarle un pulso a la vida y empezar de nuevo. En realidad, no se trataba de empezar de nuevo, sino solo de empezar, ya que nunca había hecho lo que quería; porque jamás supo qué quería, la pobre María Elena.

Se había acostumbrado a una vida anodina, llena de prisas y costumbres adquiridas. Con obligaciones impuestas por otros y rutinas aburridas que había hecho suyas sin darse ni cuenta.

María Elena quería cambiar: cambiar de casa, de marido, de peinado, de trabajo, de pensamiento…

Quería ser feliz y pensaba, ingenua ella, que si lo cambiaba todo, lo conseguiría.

Al mismo tiempo no sabía por dónde empezar. Y por eso le echaba la culpa de su incapacidad a cualquier cosa, persona o circunstancia, .

María Elena no sabía quién era. Nunca se lo preguntó. Tampoco sabía qué le gustaba realmente, por lo que fue construyendo su vida, según los gustos de los demás.

Al principio, de sus padres, quienes con la mejor de las intenciones la domesticaron para hacer de ella una mujer eficiente y obediente.

Después, sus maestros continuaron la tarea muy eficazmente; ella siempre fue muy aplicada y complaciente.

Cuando creyó enamorarse, porque así tenía que ser para llenar el inmenso vacío de su corazón, lo hizo de alguien igualmente vacío, por lo que fue imposible que, juntos, construyeran algo lleno de nada.

La vida, que siempre va por libre, quiso que fuera madre, y en esa ocasión, María Elena estuvo de diez: parió en escasos dos años, a dos bebés imponentes que superaban con creces sus expectativas.

Parecía, entonces, que María Elena era feliz…pero, como todos sabemos o deberíamos saber, ni los hijos, ni los padres, ni ningún perrito, gatito, trabajo, comida, vestido, viaje o sustancia que te inyectes, te fumes o te bebas, podrá hacerte feliz, si no lo eres tú, sin más, sin menos, sin embalajes…

Y así fue como María Elena empezó su camino de lo que ahora se llama ‘despertar’.

Entendió poco a poco, bache a bache, terapia a terapia, que la realidad es tan ambigua como la verdad y que cada quién tiene la suya.

Y empezó el camino de retorno hacia ella misma.

María Elena empezó a tomar consciencia de su inmenso poder, de su infinito potencial, de su inagotable y eterno amor.

Y comenzó a caminar en el aquí y ahora desde la fe y la confianza absoluta en ese camino que, día a día, construía desde su enorme corazón ❤️

SIN HORARIOS, NI RELOJES

Sin horarios, ni relojes, sin hojas de calendario.

Me levanto con el sol, no veo telediarios.

Agradezco a Tata Inti tanto amor, tanto cuidado.

Y respiro despacito, mientras bosteza mi gato.

Después doy gracias a Dios, llámese como se llame.

Está claro que este mundo tiene Padre y tiene Madre.

Y me miro y me contemplo y me veo y me enamoro,

de mi cuerpo y de mi alma, de lo que sé y lo que ignoro.

Y me descubro curiosa, incansable y caprichosa.

Quiero ser como las flores, los pájaros, las mariposas.

Quiero llenarme de sol, de luna y del ruiseñor

que me canta cada tarde mientras recuerdo a mi madre.

Sin nostalgia, ya sin pena, sin culpas y sin condenas.

Me siento hermana del tiempo, madre de mis sentimientos.

Compañera del pasado, que cuando puedo hago a un lado.

Hija de todos los dioses, me inclino sin un reproche.

Acepto la dualidad y me siento bendecida.

Siempre busqué la Verdad, aunque estuviera escondida.

Y desde la suave paz que proporcionan los años,

sé que no existe el error, aunque creas lo contrario.

Me abrazo y cuando me miro, vuelvo a creer en los milagros.

YO NO ME QUIERO MORIR

Yo no me quiero morir, no quiero cerrar los ojos, ¡hay tantos rayos de sol!

Quiero sentir el calor de este otoño esplendoroso.

Yo no me quiero morir, no me da tiempo de todo.

Tengo que vivir mil años, con sus veranos calurosos.

No me moriré en invierno, hace demasiado  frío y en primavera las flores son mis mejores amigos.

En otoño tengo hambre de castañas y de vinos y si se acerca  la muerte, me disfrazaré de rio…y la muerte se hará a un lado porque haré mucho ruido.

Cuando lleguen los veranos, me iré con los pajaritos y me vestiré de océano y pasaré inadvertido.

Mala suerte, amiga muerte, lo vas a tener difícil. La vida es más seductora y me alegra las mañanas.

Por las tardes me enamora, por las noches se transforma y me lleva hacia otros mundos toditas las madrugadas.

Te deseo lo mejor, buena suerte, buena muerte, yo no te tengo temor, sé que un día vendrás a verme, pero mientras tanto deja que disfrute de mi suerte. Déjame tomar el sol en agosto y en diciembre.

COMPRA Y VENTA

Viajando por la carretera que mi intuición me presenta,

después de dar muchas vueltas, necesito repostar.

Dejar de lado las dudas, los miedos los compromisos,

recrearme en el camino para dejarte pasar.

No hace falta que te pares, ni que me hagas ningún guiño,

no me quieras vender nada, yo nada voy a comprar.

Tu camino y mi camino, tienen el mismo destino,

pero mientras lo caminas, déjame un poquito en paz.

Ya pasé por el peaje, ya deshice el equipaje.

Ya me vestí con el traje que me permitió viajar.

A otros mundos, otros parajes, otros rostros y paisajes.

No me digas cómo tengo que cantar y que bailar.

No te compro, no te vendas, no me regales tus prendas,

déjame querido amigo, déjame un poquito en paz.

CARRETERAS PARALELAS

La vida es larga o muy corta, según se mire y se viva.

Mientras la estás transitando parece que no termina, pero cuando se te acaba, la querrías infinita.

Y en la vida las etapas siempre empiezan y terminan, dicen que cada siete años cambian. Lo constato cada día.

Épocas, costumbres, caras, amigos y compañías, aparecen y se alejan cual perfecta melodía.

Y de pronto una mañana sin darte cuenta todavía, transitas por carreteras que nadie más ya transita.

Te quedas solo de pronto, los rostros se difuminan y la vida se abre paso con nuevas algarabías.

Te presenta nuevos retos, el escenario cambia su escenografía, vas a tener que adaptarte a las nuevas compañías.

Porque la vida, mi amigo, es distinta cada día.

Ya no comulgas con todos, no tocas la misma sinfonía, aparecen otros rostros, la vida cambia de vía y tú entiendes que estás solo hasta el final de tus días.

Porque la vida, mi hermano , no entiende de melancolías y te exige a cada rato, nuevos retos, nuevas vías.

Carreteras paralelas que nunca se encontrarán, aceptar esa premisa te permitirá avanzar.

LA MUÑECA RUSA

Muñequita linda de rizos de oro, llegaste a este mundo con ganas de todo. Pero el mismo día de tu nacimiento, un sucio cuchillo empañó tus sueños.

Creciste deprisa y te hiciste fuerte y la resiliencia fue tu mayor suerte. Sufriste en silencio, desamor, tristeza, soledad, mentiras fueron tus cadenas.

Y esa muñequita se fue disfrazando y con muchas capas tapó sus encantos. Se volvió de acero, se ensució de barro, olvidó quién era y continuó andando.

Pero llegó un día en que la muñeca se cansó de ser una marioneta. Rompió su carcasa, desplegó las alas, recordó quién era sin temerle a nada.

Es muy doloroso romperte en pedazos, rehacer los trocitos, coser los harapos. Sacar esa roña, pulir las aristas, enjugar las lágrimas, amar las heridas.

Es duro el trabajo, pero es necesario, nadar hasta el fondo, salir del armario. Y encontrarte un día con aquella niña que se mordía las uñas de noche y de día.

Decirle bajito «muñequita linda, recuerda quién eres, besa tu carita. Abraza tu cuerpo, honra tu camino, y agradece la vida que tú has elegido».

Y UN DÍA TE MORIRÁS

Y un día te morirás y será por la mañana

y el sol volverá a salir y tú estarás en tu cama.

Y un día te morirás, tal vez una madrugada,

cuando la luna esté llena debajo de tu almohada.

Te irás sin hacer ruido, sin aplausos ni alabanzas,

te irás por dónde has venido, a sembrar nuevas esperanzas.

Te morirás y habrá flores que dejen de hacer olor,

estarán todas de luto porque se ha muerto otra flor.

Te morirás y los pájaros volarán cerca del sol,

para contarle al oído que se ha muerto un ruiseñor.

Morirás y las montañas querrán venir a tu entierro,

y el mar con todas sus olas aplaudirá en tu sepelio.

Serà un día luminoso, con un sol resplandeciente,

los gatos estarán tristes, las coliflores, alegres.

Y tú saldrás de tu cuerpo, envejecido y cansado

y lo verás desde arriba, guiñando un ojo al pasado.

Y en el día de tu muerte, con tus nietos disfrazados de futuro y de presente,

perdonarán lo pasado.

Y un día te morirás y el Amor habrá ganado.

LLAMARADAS SOLARES

Anda el sol echando llamas y rayos de mil colores.

Anda el astro regalando su poder a borbotones.

Y la tierra se estremece y el mar y el viento se abrazan.

Y el no tiempo se abre paso y la sociedad se resquebraja.

La porquería del mundo ya no se puede ocultar.

Cada palo fuertemente, su vela habrá de aguantar.

La oscuridad tiene miedo, le deslumbra tanta luz,

tanta mierda rezumando te puede escocer los ojos.

Y esto acaba de empezar, límpiate bien los oídos

porque lo que vas a escuchar te va a dejar sin sentido.

Algunos lo descubrimos cuando estábais muy dormidos,

abróchate el cinturón: empieza la fiesta amigos.