EN CALMA

En calma, con mucha calma, como si nada pasara.

Escuchando los murmullos de agoreros y fantasmas.

En calma, sin hacer ruido. Hoy los pajaritos cantan

y mi gata despacito va oliendo toda la casa.

Siempre en calma, respirando, dando gracias, inventando.

Co-creando los misterios, disfruto viviendo en calma.

Cambiando de densidad, siento la vida pasar.

Sin miedo a lo que vendrá, construyo mi realidad.

Sigo en calma mientras truena, aunque nieve o aunque llueva.

Todo Es como ha de ser. Y dejo de padecer.

Preparando la Ascensión, escucho mi corazón.

Porque nunca se equivoca y siempre tiene razón.

VEROS REÍR

Veros sonreír me reconcilia con la vida

Veros sonreir me acerca al Sol

Veros sonreír me alegra el alma

Veros sonreír es mi mayor ambición

Después de eso puedo descansar y felicitarme

porque cuando os veo reír se hace la Luz.

Porque vuestra risa seca mis lágrimas.

Porque si reis creo un poco más en Dios.

VIÉNDOLAS VENIR

Desde el sofá de mi casa, estoy viéndolas venir, con esas ‘gafas del cerca’ que ayudan a discernir.

Veo gestos, veo protestas, todo está patas arriba. Mientras más ruido hay fuera, más calma siento en mi vida.

El colapso es manifiesto, los astros ya lo anunciaban, como en el Renacimiento, todo lo malo se acaba.

Y vendrán mejores tiempos, para el que esté preparado, se trata de vibrar alto, si quieres salir del barro.

No es la suerte, ni el esfuerzo, no es la queja, ni el engaño. Creadores de realidades, lo tienes todo en tu mano.

Y yo viéndolas venir, sin demasiado ruido, me concentro solo en mi, para eso aquí he venido.

Juego el juego de la vida, con más o menos acierto. Buscando dentro de mi, la paz que tanto merezco.

Manifiesto la abundancia, visualizo la alegría, me duermo con mi ángel de la guarda, que me cuida noche y día.

Confío y suelto el control. Mi respiración me guía.

YO NO NACÍ

No nací un cinco de febrero, de hecho yo no nací.

Llegué un día desde el cielo, de una estrella me caí.

Me aburría tanto arriba que decidí estar aquí.

Y aquí he pasado la vida, olvidándome de mi.

Pero de repente, un día, recordé porque llegué.

Y desde entonces, mi alma no deja de agradecer.

Con el velo del olvido llegamos todos aquí

Descorrerlo no es sencillo, hay que dejar de sufrir

Y recordar que es Dios mismo quien nos trajo un día hasta aquí.