A MI HIJA

Te quiero como el sol ama a la tierra fértil, la alumbra desde lejos y la deja brillar.

Te quiero en la distancia, en el reproche viejo, en esa mala leche y en la risa total.

Te quiero si estás triste, igual si estás contenta. Te quiero cuando duermes, también si estás despierta.

Pienso en ti cada día, de lejos y de cerca. Desde mis años viejos, te veo suspirar.

Y bendigo el camino que recorres, las batallas que libras, tus mejores momentos, tus noches infinitas.

Bendigo y agradezco poder ser tu mamá.

A pesar de las faltas, de todos los complejos, de las grandes cagadas, las ausencias, los consejos.

Bendigo y agradezco que ocupes mi lugar y te sientas más fuerte, más libre, más segura. Tengas claras las cosas, disipes cualquier duda.

Bendigo tu camino y te dejo volar.

Te miro desde lejos y le pido al destino vivir muchos más años para poderte abrazar.

REGÁLATE

Regala el regalo que eres.

Regala tu risa.

Regala ternura y sabiduría.

Regala el abrazo que ella necesita.

Regala palabras, silencios, sonrisas.

Regala el camino que caminas sin prisa.

Regálate siempre, de noche, de día. Cuando sientas frío, cuando no haya brisa.

Tú eres el regalo. Tú la maravilla. Tú tiendes tu mano, sin expectativa.

Dios se ha vuelto humano y hoy en ti se mira.

Regala el amor que eres, amiga.

Con él las tristezas se vuelven alegrías.

Con él los fracasos de golpe se alivian.

Con él el dolor, se convierte en risa y abriendo los brazos acoge y acaricia.

Regala la Vida, la Luz, la Armonía.

El don de tu Voz, tu Esencia Divina.

Regala el silencio, la ausencia querida.

Regala tu Ser.

Regálalo todo y luego…respira.

CUANDO MUERA NO LLORÉIS

Cuando muera no lloréis, no me traigáis muchas flores,

tampoco os vistáis de negro ni sollocéis por los rincones.

El día que yo me muera, me regaláis las canciones que cantamos en las fiestas,

los versos y los abrazos que nos dimos sin pedirlos y sin dar explicaciones.

Cuando muera será un día luminoso y perfumado

por las flores de mi casa, que saldrán por todos lados.

Las rosas me harán la ola, los gorriones y los gatos,

me llenarán de semillas para irme al otro plano.

El sol me dará las gracias por los días que le he mirado

y me he comido sus rayos, con aceite y pan tostado.

La tierra será más fértil, el huerto estará adornado,

cargado de berenjenas y de pimientos asados.

Cuando se cierren mis ojos a este mundo tan amado,

me subiré en un nube y sin prisa y con cuidado,

me iré despacito al cielo que me tienen reservado.

No es el cielo de la iglesia, tampoco el de los gusanos,

es el hogar que merezco por habérmelo ganado.

Por ser justa, buena, honesta. Por ser un Dios encarnado.

Por eso cuando me muera no lloréis, ya no hay cuidado.

La muerte solo es el camino hacia la paz que he soñado.