CONSEJOS VENDO

El refranero español está lleno de sabiduría.

‘Consejos vendo que para mí no tengo’.

Muchas veces tenemos tan claras las cosas de los demás…

Aconsejamos, opinamos, criticamos conductas, sentimientos…

Actuaciones de nuestro prójimo como si nosotros estuviéramos por encima de todo y lo tuviéramos ya todo claro, superado y resuelto.

¡Ah! ¡Qué osados somos amigos!

Consejos vendo a granel y se nos llena la boca de mil y mil soluciones que no me aplico para mí. Somos egos parlantes que nos atrevemos a decir a los demás lo que no somos capaces de ver en nosotros.

Y así es y así ha de ser. Estamos aquí para aprender.

Somos todos aprendices en esta difícil misión de transitar por la tierra sin experiencia alguna.

Olvidamos para qué vinimos y nos pasamos la vida buscándonos en la mirada de los otros. Gracias hermanos que me ayudáis a ver y a verme.

Somos todos bendecidos, somos todos unos héroes.

DOS PASOS PARA ADELANTE Y UNO PARA ATRÁS

Parece que no avanzas, que das dos pasos para adelante y luego uno para atrás… Y aunque no lo parezca, no dejas de avanzar.

Y vas tomando impulso, cogiendo carrerilla, asomándote al precipicio, escalando aquella cima.

Porque siempre se avanza, aunque tú no lo creas le vas perdiendo el miedo al llanto y a la pena.

Y vas tomando impulso y te cuesta ya menos salir del laberinto del necio sufrimiento, que no te aporta nada, que nada soluciona. El dolor es objetivo, el sufrimiento un engaño de tu mente egoica.

Y vas tomando impulso y vas acelerando, porque la sabiduría se alcanza con los años.

No se aprende de joven, no se enseña en la escuela, aparece a medida que dejas de sufrir.

Que abrazas el misterio de la vida y la muerte, que aceptas que no es casual nada de lo que te sucede.

Que limas asperezas con tu cuerpo y tu alma, que aparcas a tu ego y callas, pero ya no consientes.

Y vas tomando impulso y un día de repente, descubrirás que existes más allá de la mente.

Yo mientras tanto sigo, dando las gracias siempre, dos pasos hacia delante, avanzando de frente.

RESURRECCIÓN

Si al final de la vida resucitas, te reconcilias contigo y tus errores. Perdonas tus faltas y aligeras tu equipaje…

Si al final de la vida te gustas y te enamoras de ti, te sientes en paz y amas hasta tus malas horas…

Si al final de la vida te miras al espejo y te ves más hermosa, más joven y más sabia…

Y sigues aprendiendo y sigues aprendiendo…

Si al final de la vida amas más a tu madre y entiendes a tu padre y comprendes sus miedos…

Y te das un abrazo y sueltas y abandonas la necesidad de estar casi siempre en lo cierto…

Si al final de tu vida respetas a tus hijos y los ves como seres adultos y despiertos…

Y te alejas despacio sin darles más consejos…

Al final de la vida puedes estar contento. Puedes dormir tranquilo, puedes mirarte en el espejo y decirte sin culpa, ‘resucita pequeño’, es tiempo de caricias, de risas y de sueños.

SALIR DEL HECHIZO

Estamos hechizados, programados, parasitados.

Al parecer cuando encarnamos ya comienza el baile y con el paso de los años y la locura colectiva en la que vivimos, algunos nos acabamos dando cuenta.

Darse cuenta es el primer paso, pero no creas que con eso es suficiente. De hecho sólo es el principio.

Es muy duro darte cuenta del engaño, salir de la programación es muy complicado. No sé siquiera si es posible.

Pero ya no hay vuelta atrás.

Empieza entonces un trabajo personal infinito. Un ‘estar al acecho’ de ti mismo: de tus emociones, de tus reacciones, de tus acciones, de tus palabras.

Ser responsable de uno mismo es una bendición y una enorme responsabilidad. Ya no le puedes echar la culpa a nadie de nada de lo que te pasa. De tus estados de ánimo, de tus logros, de tus aparentes fracasos. Ya no puedes continuar con tu papel de víctima.

Salir del hechizo es una labor diaria que dura toda la vida.

Salir del hechizo es una oportunidad para ser feliz.

Salir del hechizo es una bendición, un regalo, una experiencia para compartir. Porque nos merecemos la libertad.

NO SÉ SI VENGO O VOY

No sé si a ti te pasa, no sé si vengo o voy.

Y no me fijo mucho en el camino, siempre voy persiguiendo mi pensamiento infinito.

Y nunca sé muy bien si llego o si me marcho, si voy o me estoy yendo, si empiezo o estoy acabando.

No sé si voy o vengo, si vuelvo o si ahora llego. Si voy por la derecha, si salgo o mejor entro.

No sé si voy o vengo, no sé si vengo a voy. Y no me quita el sueño, estoy acostumbrada.

En una encrucijada, voy y vengo, vengo y voy.

Persigo el horizonte, camino hasta la cima, me asomo hasta la sima, me duermo, me despierto. A veces hago el muerto, no sé bien dónde estoy.

No sé si a ti te pasa, pero yo no sé si vengo o voy.